No era la hora en la que Ethan solía pasar a dejarle provisiones o algún encargo médico, y las visitas de Linda se habían vuelto nulas tras el ultimátum que Claire le había impuesto.

Al abrir con cautela, se encontró con una figura inesperada: Marco, el mejor amigo de Ethan desde la universidad, sostenía una pequeña caja de cartón entre las manos con una expresión visiblemente incómoda.

—Hola, Claire —saludó Marco con timidez, rascándose la nuca—. Siento aparecer así sin avisar, pero sé que tú y Ethan están intentando poner las cosas en orden y… bueno, creo que esto te concierne.

Claire cruzó los brazos sobre su vientre, manteniendo una distancia prudente.

—¿De qué se trata, Marco?

—Es sobre Linda —dijo él, bajando la voz como si temiera ser escuchado—. Sé que se ha estado metiendo en medio de ustedes dos todo este tiempo, pero hoy fui a ver a Ethan a su nuevo apartamento y ella estaba allí esperándome en el portal. Me interceptó.

—¿Qué quería? —preguntó Claire, sintiendo cómo la tensión se acumulaba instantáneamente en sus hombros.

—Estaba histérica, Claire —continuó Marco, extendiendo la caja hacia ella, aunque Claire no la tomó de inmediato—. Dijo que Ethan la está excluyendo por tu culpa, que tú le has lavado el cerebro y que va a contratar a un abogado especialista en derecho de familia para asegurarse la custodia compartida de Eleanor en cuanto nazca, utilizando los recursos económicos de la familia Sterling. Me dio esto para que te lo entregara y te demostrara que “van en serio”.

Claire miró fijamente la caja de cartón.

Dentro se vislumbraban varios sobres con membretes notariales y copias de testamentos antiguos de la familia de Ethan.

Una ola de incredulidad y rabia fría recorrió su cuerpo, pero se obligó a respirar hondo, recordando las palabras de Ethan sobre su madre y su propia determinación de no dejarse intimidar.

—Gracias por traérmelo, Marco —dijo Claire con voz firme, extendiendo finalmente las manos para tomar la caja—. Y gracias por ser honesto conmigo.

—No iba a quedarme callado —respondió Marco con sinceridad—. Ethan está cambiando de verdad, Claire. Está intentando romper el ciclo con su madre. Sería una pena que ella lo destruyera todo ahora que por fin está abriendo los ojos.

Tras despedirse de Marco, Claire cerró la puerta con llave y dejó la caja sobre la mesa de la cocina.

No abrió los sobres; sabía exactamente lo que contenían y el propósito manipulador detrás de ellos.

Inmediatamente marcó el número de Ethan.

El teléfono dio dos tonos antes de que él respondiera, con la voz ligeramente agitada.

—¿Claire? ¿Pasa algo? ¿Estás bien o el bebé…?

—No hay ninguna emergencia médica, Ethan —lo interrumpió ella con un tono gélido que lo hizo callar de golpe—. Pero tu madre acaba de cruzar la línea de nuevo.

Hubo un silencio absoluto al otro lado de la línea.

—¿Qué ha hecho? —preguntó Ethan, y su voz cambió de inmediato, volviéndose tensa y oscura.

—Mandó a Marco a traerme una caja con documentos legales y amenazas veladas sobre la custodia de Eleanor —respondió Claire sin rodeos—. Dice que va a usar el nombre y el dinero de tu familia para pelear por nuestra hija antes de que nazca.

—Eso es… eso es una locura —masculló Ethan, y se escuchó el sonido metálico de unas llaves cayendo al suelo y una puerta cerrándose de golpe—. Yo no sé nada de esto, Claire. Te lo juro por lo más sagrado.

—Sé que tú no la enviaste, Ethan. Pero el problema es que ella sigue creyendo que tiene derecho a intervenir en nuestra vida porque tú se lo permitiste durante años.

—Voy para allá ahora mismo —sentenció Ethan con una firmeza que Claire no le había escuchado jamás—. Quédate en casa. No hables con nadie más. Voy a solucionar esto hoy mismo.

—Más te vale —respondió Claire con calma antes de colgar.

Capítulo 6: El punto de quiebre

Treinta minutos después, la puerta principal se abrió de golpe.

Ethan entró al pasillo con el rostro desencajado, respirando con dificultad como si hubiera corrido maratones enteros para llegar hasta allí.

Vio la caja sobre la mesa de la cocina y se acercó a ella con una mezcla de furia y profunda vergüenza.

—¿Dónde están los papeles? —preguntó con los dientes apretados.

—Ahí dentro —indicó Claire, señalando con la barbilla mientras permanecía recostada contra el marco de la puerta del salón—. No los he abierto, Ethan. No necesito leer las tonterías de tu madre para saber que está intentando aterrorizarme.

Ethan abrió los sobres, sacó los documentos y, sin pensarlo dos veces, los rompió en pedazos pequeños, arrojándolos con violencia dentro del bote de basura de la cocina.

Se pasó las manos por el cabello corto, temblando de rabia contenida.

—Hablé con mi terapeuta ayer sobre ella —dijo Ethan con la voz rota, mirando el suelo—. Hablamos de cómo sus amenazas son solo una táctica de control para mantenernos atados a su voluntad. Creí que si me alejaba y le ponía límites claros, lo entendería. Pero es evidente que no conoce límites.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Claire, observándolo fijamente a los ojos para medir la sinceridad de sus actos—. Porque esto ya no se trata solo de ti y de mí. Se trata de nuestra hija.

Ethan levantó la vista, y en sus ojos negros ya no había rastro del hombre dubitativo que huía de los conflictos. Había una determinación absoluta.

—Voy a ir a su casa esta misma noche —dijo él—. Voy a revocar cualquier acceso legal o financiero que ella tenga vinculado a nuestro patrimonio. Y le voy a dejar claro que si vuelve a acercarse a ti o a intentar interferir con Eleanor, no volverá a vernos en el resto de su vida. Ni una sola vez.

Claire se quedó en silencio durante unos segundos, evaluando el peso de esas palabras.

Sabiendo lo difícil que había sido para él enfrentarse a su madre en el pasado, dar este paso significaba cortar el último cordón umbilical tóxico que lo retenía.