Dante sacó el teléfono.
Llamó.
Sin respuesta.
Otra vez.
Nada.
Victoria susurró:
«Dante…»
Él levantó una mano.
«No.»
Sofía preguntó:
«¿Cómo se llama?»
«Alejandro.»
«¿Tiene acceso a esta casa?»
Dante soltó una risa amarga.
«Crecimos aquí.»
Marcos añadió:
«Y conoce todos los sistemas.»
Dante caminó hacia el responsable de seguridad.
«Quiero las cámaras del salón.»
El hombre palideció.
«Hay un problema.»
«¿Cuál?»
«Las grabaciones de los últimos veinte minutos no están disponibles.»
Dante lo miró fijamente.
«¿Desaparecieron?»
«Parece que alguien desconectó el almacenamiento.»
Victoria retrocedió.
Sofía abrazó a Lucía.
Dante preguntó:
«¿Quién puede hacerlo?»
«Usted.»
«¿Quién más?»
El hombre dudó.
«Alejandro.»
El silencio ya era casi insoportable.
Dante caminó hacia un pequeño despacho junto al salón.
Sofía lo siguió.
«¿Adónde va?»
«A encontrar una respuesta.»
«¿En ese despacho?»
«La llave.»
Lucía los siguió.
Dante se detuvo frente a una antigua caja de madera empotrada en la pared.
Tenía una cerradura diminuta.
Nadie la utilizaba desde hacía años.
Lucía levantó la llave.
«¿Aquí?»
Dante asintió.
«Creo que sí.»
Victoria llegó detrás.
«No la abras.»
Dante se giró.
«¿Por qué?»
«No sé.»
«Entonces deja de decirme qué hacer.»
Lucía introdujo la llave.
Giró.
La caja se abrió.
Dentro había un sobre.
Una fotografía.
Y una grabadora pequeña.
Dante tomó la fotografía.
Aparecían dos hombres jóvenes.
Él.
Y Alejandro.
Junto a ellos estaba Teresa.
Mucho más joven.
Lucía señaló emocionada.
«¡Mi abuela!»
Dante se quedó inmóvil.
Sofía preguntó:
«¿La conocía?»
«Sí.»
«¿Quién era?»
Dante tardó unos segundos.
«Trabajó para mi familia.»
Lucía sonrió.
«Ella decía que usted era bueno cuando nadie lo miraba.»
Dante bajó los ojos.
Victoria lo observó.
Después tomó el sobre.
En él estaba escrito:
PARA DANTE, CUANDO LA NIETA DE TERESA ENCUENTRE LA LLAVE.
Dante lo abrió.
Dentro había una carta.
Dante:
Si Lucía ha llegado hasta ti, significa que yo ya no puedo proteger lo que descubrí.
Dante siguió leyendo.
No confíes en el objeto que aparezca durante la celebración. Su presencia será utilizada para acusar a la persona equivocada.
Todos miraron hacia la jeringa.
Victoria abrió la boca.
«Entonces…»
Sofía la interrumpió.
«No significa que usted sea inocente de todo.»
Dante continuó.
La persona que busca la llave sabe que dentro de esta caja guardé algo más importante que cualquier objeto.
Dante levantó la grabadora.
Pulsó el botón.
La voz de Teresa llenó la habitación:
«Dante, si escuchas esto, pregúntale a Alejandro por la noche del 17 de junio.»
Dante se congeló.
Marcos preguntó:
«¿Qué pasó ese día?»
Dante respondió:
«Mi padre desapareció durante veinticuatro horas.»
Y cuando regresó, nunca quiso explicar dónde había estado.
PARTE 4. EL 17 DE JUNIO
Dante encerró el salón principal y reunió solamente a Sofía, Victoria, Marcos y Lucía en una habitación contigua.
La niña dibujaba junto a su oso mientras los adultos discutían.
Dante continuó reproduciendo la grabación.
Teresa hablaba:
«El 17 de junio vi a tu padre salir de la finca con Alejandro. Horas después regresó solo.»
Victoria miró a Dante.
«¿Cuántos años tenía Alejandro?»
«Veintidós.»
«¿Y tú?»
«Veintiséis.»
La grabación siguió:
«Aquella noche Alejandro me entregó una caja y me pidió esconderla.»
Dante miró el compartimento.
No había ninguna caja.
Solo la carta y la grabadora.
Teresa continuó:
«Nunca la abrí. La devolví años después.»
Dante frunció el ceño.
«¿A quién?»
La voz respondió como si pudiera escucharlo:
«A tu padre.»
Silencio.
«Antes de morir me dijo que había cometido un error al confiar en Alejandro.»
Dante cerró los ojos.
Victoria preguntó:
«¿Tu padre murió sabiendo algo de tu hermano?»
«Parece que sí.»
Sofía señaló la grabadora.
«Continúe.»
Teresa siguió:
«Si hoy ha aparecido un objeto extraño durante una reunión familiar, no aceptes la explicación más sencilla.»
Dante miró la jeringa.
«Ella sabía que ocurriría algo.»
Marcos negó.
«No exactamente. Habla de un objeto. Podría haber sido cualquier cosa.»
Dante asintió.
Era importante no inventar respuestas antes de tenerlas.
La grabación terminó con una última frase:
«Mira detrás del retrato de tu padre.»
Dante salió inmediatamente.
En el corredor principal había un enorme retrato familiar.
Lo retiraron.
Detrás encontraron una pequeña caja fuerte.
La llave de Lucía encajó también allí.
Dentro había documentos.
Y un teléfono antiguo.
Dante encendió el aparato.
Solo contenía una grabación de audio.
La voz de su padre.
«Alejandro, si escuchas esto, significa que has vuelto a buscar los documentos.»
Todos quedaron inmóviles.
«No vuelvas a involucrar a Teresa.»
Dante apretó los puños.
«No vuelvas a acercarte a su familia.»
Sofía miró a Lucía.
La grabación continuó:
«Y sobre todo, no conviertas a Dante en tu enemigo para ocultar lo que hiciste.»
Dante sintió frío.
Un ruido llegó desde el salón.
Algo había caído.
Marcos abrió la puerta.
El clutch plateado ya no estaba donde lo habían dejado.
Victoria corrió hacia el lugar.
«¿Dónde está mi bolso?»
Dante miró alrededor.
La jeringa continuaba guardada en una caja transparente sobre una mesa.
Pero el bolso había desaparecido.
Sofía preguntó:
«¿Quién entró?»
Seguridad negó.
«Nadie.»
Lucía levantó la cabeza desde el escritorio.
«Sí.»
Todos la miraron.
«Entró el señor del reloj rojo.»
Dante sintió que el corazón se detenía.
«¿Lo viste?»
Lucía asintió.
«Me sonrió.»
«¿Dónde fue?»
La niña señaló el pasillo.
Dante salió corriendo.
Al final encontró una puerta abierta.
Y sobre el suelo…
el clutch de Victoria.
Dentro había un teléfono.
No pertenecía a ella.
La pantalla mostraba una conversación.
Un único mensaje enviado hacía veinte minutos:
«ASEGÚRATE DE QUE LA JERINGA APAREZCA CERCA DEL BOLSO.»
Dante miró al destinatario.
El nombre era:
MARCOS.
PARTE 5. «NO FUI YO QUIEN RECIBIÓ ESE MENSAJE»
Todos miraron a Marcos.
Él quedó pálido.
«Eso no es mío.»
Victoria se alejó.
«Tu nombre está ahí.»
«Cualquiera puede escribir un nombre.»
Dante tomó el teléfono.
«¿Conoces este número?»
Marcos lo miró.
«No.»
«¿Seguro?»
«Sí.»
Sofía intervino:
«El teléfono apareció dentro de un bolso que alguien acaba de mover.»
Dante asintió.
«Exacto.»
Victoria la miró.
«¿Ahora lo defiendes?»
«No.»
Sofía respondió con calma.
«Estoy evitando que volvamos a acusar a alguien solo porque una pista parece demasiado perfecta.»