Mi mamá asintió con cara triste.

—Nos preocupa que estés tratando de competir con Paige, mi amor.

Paige bajó la mirada, fingiendo incomodidad.

Qué actuación tan fina.

—Yo nunca he competido con Paige —dije.

Mi hermana levantó las cejas.

—Claro.

—Competir requiere que las dos estemos corriendo hacia el mismo lugar.

El silencio cayó de golpe.

Travis se quedó inmóvil.

Mi mamá abrió la boca.

Mi papá dejó la copa.

Paige me miró como si acabara de escupirle en la cara.

—¿Perdón?

Yo sentí mi pulso en la garganta, pero mi voz salió tranquila.

—Nada.

—No, dilo bien.

En ese momento, mi teléfono vibró otra vez.

Bzzzt.

Esta vez no lo escondí.

Lo levanté.

Paige se rió.

—¿Vas a enseñarnos tu comprobante falso o qué?

Desbloqueé la pantalla, pero no se la mostré.

Leí el nuevo correo de Daniel.

“Elise, acabo de confirmar la entidad compradora final. No es el grupo extranjero declarado inicialmente. La adquisición está siendo financiada por Montes & Rivas Holdings, vinculada a Alejandro Montes y Paige Montes.”

Por un instante no escuché nada.

Ni la lluvia.

Ni el reloj.

Ni la respiración de nadie.

Solo una especie de zumbido blanco creciendo dentro de mí.

Leí el mensaje de nuevo.

Montes & Rivas Holdings.

Alejandro Montes.

Paige Montes.

Mi papá.

Mi hermana.

Ellos estaban intentando comprar mi empresa sin saber que era mía.

O tal vez sí lo sabían.

Ese pensamiento fue peor.

Miré a mi papá.

Él me sostenía la mirada, sereno. Demasiado sereno.

Mi estómago se cerró.

—¿Qué pasa? —preguntó mi mamá.

Paige rodó los ojos.

—Nada, mamá. Está haciendo drama.

Yo puse el celular sobre la mesa, boca abajo.

—Papá.

Él parpadeó despacio.

—¿Sí?

—¿Qué es Montes & Rivas Holdings?

La mano de mi mamá se quedó quieta sobre la servilleta.

Travis levantó la cabeza.

Y Paige, por primera vez en toda la noche, perdió medio segundo de su sonrisa.

Mi papá no.

—Una estructura patrimonial —respondió—. ¿Por qué?

—¿De quién?

—De la familia.

—¿De toda la familia?

Él inclinó la cabeza.

—De los miembros activos en el patrimonio familiar.

Ahí estaba.

La frase perfecta.

Legal. Limpia. Cruel.

—O sea, no de mí.

—Elise, tú elegiste tu camino.

Paige soltó una risita.

—Tu fundación, tu vida sencilla, tus causas nobles. Todo eso.

Mi papá la miró para callarla, pero ya era tarde.

Yo sentí cómo algo se acomodaba dentro de mí.

No ira.

Claridad.

La claridad es más peligrosa que la rabia, porque no tiembla.

—¿Están comprando una empresa de tecnología médica? —pregunté.

Mi papá me observó con atención nueva.

—No sé a qué te refieres.

Mentía bien.

Era su oficio.

Pero Paige no.

Paige tenía la elegancia, el apellido, la malicia. No tenía la disciplina del silencio.

—Ay, por favor, papá. No es secreto —dijo, bebiendo vino—. Es la operación que va a salvar la firma después del desastre de Querétaro.

El rostro de Alejandro se endureció.

—Paige.

Ella se dio cuenta tarde.

—¿Qué desastre de Querétaro? —pregunté.

Mi mamá susurró:

—Alejandro…

El comedor se convirtió en otra cosa. La cena seguía ahí, absurda: pavo, arándanos, puré, velas, copas, platos dorados. Pero debajo de esa decoración estaba saliendo una verdad podrida.

Travis habló por primera vez sin miedo.

—El contrato hospitalario.

Paige volteó hacia él.

—Cállate.

Travis tragó saliva, pero siguió.

—La inversión salió mal. Montes & Rivas apostó demasiado a una red de clínicas privadas en Querétaro. Perdieron proveedores, demandas, multas. Necesitan entrar a Wren para cubrir el hoyo.

Mi papá se puso de pie.

—Travis, no sabes de qué estás hablando.

—Sí sabe —dije.

Todos me miraron.

Yo tomé mi copa de agua. Mis dedos estaban fríos.

—¿Por eso la compran a través de una entidad intermedia? ¿Para que no se vea que es rescate?

Mi papá apretó la mandíbula.

—Elise, estás opinando de asuntos que no entiendes.

—Puede ser.

Abrí el teléfono.

—Aunque Daniel Cho cree que sí los entiendo.

La cara de Paige cambió.

Fue mínimo. Un parpadeo, la boca tensándose, los hombros bajando un centímetro.

Pero lo vi.

Y supe.

Paige sabía algo.

Mi mamá estaba pálida.

—¿Quién es Daniel Cho?

—Mi abogado.

Mi papá soltó una risa seca.

—¿Tu abogado?

—Consejero jurídico de Wren Medical Systems.

El silencio que siguió fue tan profundo que escuché una gota resbalar por el cristal.

Paige negó con la cabeza.

—No.

Yo la miré.

—Sí.

—No, no, no. Tú no… —Se rió, pero esta vez la risa salió rota—. Tú no trabajas ahí.

—No dije que trabajara ahí.

Mi papá no se movió.

Por primera vez en mi vida, vi a Alejandro Montes calculando y no encontrando la respuesta.

—¿Qué relación tienes con Wren? —preguntó.

Yo acomodé mi teléfono frente a mí.

—Tengo el cincuenta y uno por ciento.

Mi mamá llevó una mano al pecho.

Travis murmuró:

—Híjole.