Mateo estaba en el muelle. Santiago lavaba los platos. La casa olía a canela y fruta caliente.
Miré la puerta mosquitera cuando se azotó con su estruendo de siempre.
Sonreí.
Durante años pensé que conservar la casa significaba mantener intactos los recuerdos. Ahora entendía que Fernando me había dejado algo mucho más importante:
el derecho de decidir quién merecía formar parte de ellos.
Und als die Sonne vollständig hinter den Hügeln verschwunden war, schloss ich die Tür.
Nicht mit einem Schlüssel.
Noch nicht.
Doch zum ersten Mal hielt ich den Schlüssel in der Hand .