Tomé la llave, guardé la carta de mi abuela junto a mi corazón y bajé las escaleras.
Pero antes de llegar, mi celular vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
“Tu abuela no te contó toda la verdad. Laura no murió como dice la carta. Y yo sé dónde está.”
Me quedé inmóvil.
El ruido de la fiesta se apagó detrás de mí.
Miré la llave de latón.
Dann las ich die Nachricht noch einmal.
Laura, meine leibliche Mutter, könnte noch am Leben sein.
Und bevor ich antworten konnte, kam ein zweites Foto an.
Das Bild zeigte eine dunkelhaarige Frau, die vor einem Café in Monterrey saß.
Sie hatte die gleichen Augen wie ich.
Auf der Rückseite stand in blauer Tinte ein einziger Satz: