El verdadero punto de inflexión fue ese bebé dormido junto a ella, nacido en una casa donde ni la abuela, ni el padre, ni el heredero, ni el registro civil tendrían derecho a decidir en su lugar.

Camille besó la frente de Elise.

Luego apagó la luz del pasillo.

Por primera vez en mucho tiempo, el silencio ya no se sentía como una amenaza.

Se parecía a la paz.