—No quería matar a su madre. Sólo necesitaba que Esteban creyera que ella había muerto por su culpa. Después iba a llevarme al niño y desaparecer. Pero el carro se incendió antes de que pudiera sacarlos a los dos.

Un golpe seco. La respiración de Elena.

—¿Y el niño?

—Lo saqué. Esteban llegó después. Lo demás ya lo sabes.

La grabación terminó.

Durante mucho tiempo no pude moverme.

Mauricio no me había salvado de Esteban. Mauricio me había robado de él.

Mi papá había sido mi refugio, mi casa y mi mentira más grande. Esteban era mi padre biológico, pero Mauricio había diseñado cada paso de mi vida para convertirme en la prueba viviente de su venganza.

El celular vibró.

Era un mensaje de Valeria.

“¿Ya encontraste el último archivo?”

El que está en disputa:

“Sí. ¿Tú lo dejaste aquí?”

La respuesta llegó de inmediato.

“No. Clara dice que ella tampoco.”

Miré la puerta de la habitación 220.

En la pantalla del grabador apareció un nuevo archivo.

221. Duración: cero segundos.

Y, desde el otro lado del pasillo vacío, sonó el chime metálico de una cerradura electrónica que ya no estaba conectada a ninguna puerta.