Era un registro de una operación financiera realizada ocho años atrás, poco antes de la muerte de Lucía.
En la página apareció una sociedad vinculada a Whitmore Holdings.
Y debajo, el nombre de una cuenta fiduciaria relacionada con la herencia de Claire.
Claire leyó el número de referencia.
Lo reconocer.
Había visto aquel código en los papeles de su madre, guardados en una caja fuerte que permaneció cerrada durante meses después del funeral.
—No puede ser —susurró.
—No sabemos todavía qué ocurrió —dijo Elena—. La transferencia pudo formar parte de una operación autorizada. Pero si alguien utilizó activos del fideicomiso sin el consentimiento requerido, la situación sería mucho más grave que una disputa comercial.
Claire volvió a mirar el documento.
Su madre había confiado en muy pocas personas.
Una de ellas había sido Robert Whitmore.
El padre de Daniel.
Robert había trabajado con Lucía durante más de una década. Ambos habían participado en proyectos inmobiliarios y acuerdos de financiación. Cuando Robert murió, Claire había asistido al funeral junto a Daniel, sin saber que aquel hombre podía haber tenido información esencial sobre el patrimonio de su madre.
—¿Por qué Margaret guardaría una carta sobre esto? —preguntó Claire.
Elena juntó las manos.
—Tal vez porque Robert descubrió algo antes de morir.
—Y ¿por qué nunca nos lo dijo?
—Esa es la pregunta que tenemos que responder.
El teléfono de Claire volvió a vibrar.
Esta vez era un mensaje de Margaret.
* Margaret: No tienes idea de lo que estás haciendo. Ven a casa inmediatamente. Podemos arreglar esto antes de que destruyas todo lo que tu madre construyó. *
Claire leyó el mensaje dos veces.
Después se lo mostró a Elena.
La abogada no necesitaba decir nada.
Ambas sabían que Margaret acababa de cometer un error.
No había escrito: «Podemos arreglar lo que ocurrió en la cena».
Tampoco había escrito: «Siento haberte hecho daño».
Había mencionado a Lucía.
Y había insinuado que las decisiones de Claire podían destruir algo que su madre había construido.
Claire sintió que una vieja sospecha empezaba a tomar forma.
—Ella sabe algo —dijo.
—Eso parece.
—Algo sobre mi madre.
Elena reconoció los documentos y los guardó en los portafolios.
—Por eso no vas a ir a esa casa esta noche. Si quieren hablar, que lo hagan a través de nosotros.
Claire miró la hora.
—No quiero que Daniel piense que estoy intentando vengarme.
—Daniel puede pensar lo que quiera. Eso no cambia tus derechos.
—Todavía lo amo.
Elena suavizó la expresión.
—Lo sé, Claire.
La respuesta le dolió más de lo que esperaba.
Porque Elena no le había dicho que Daniel la amaba.
Ni que las cosas pudieran arreglarse.
Solo había reconocido una verdad que Claire llevaba meses intentando esconder.
Todavía amaba a un hombre que no había sido capaz de defenderla.
Claire secó una lágrima antes de que cayera.
—¿Qué hacemos ahora?
Elena guardó el último documento.
—Mañana por la mañana, revisamos los registros del fideicomiso. Después solicitamos las copias completas de las operaciones realizadas por Whitmore Holdings. Si hay una irregularidad, necesitamos descubrirla antes de que alguien intente ocultarla.
—¿Y si no hay nada?
—Entonces lo sabremos.
Claire.
Por primera vez desde que abandonó el hotel, sintió algo parecido a la calma.
No felicidad.
No alivio.
Solo la certeza de que ya no tenía que proteger a los demás a costa de sí misma.
Cuando Elena se levantó para pedir la cuenta, Claire tomó su teléfono.
Había siete llamadas perdidas de Daniel y cuatro de un número privado.
También había llegado un correo electrónico de un remitente que no reconocía.
El asunto decía:
* «Para Claire Bennett: documentos originales de Lucía Bennett. Entrega pendiente desde hace ocho años». *
Claire abrió el mensaje.
Solo contenía tres líneas.
«Su madre dejó instrucciones específicas para que este archivo le fuera entregado cuando usted decidiera ejercer sus derechos frente a Whitmore Holdings.
La documentación confirma que Robert Whitmore intentó corregir una operación irregular antes de fallar.
Pero hay una condición que debemos aclarar antes de entregarle los originales».
Claire dejó de respirar por un instante.
Debajo del texto apareció el nombre del remitente: un antiguo notario de Los Ángeles.