
Kapitel 1: La novia tras las rosas
Das kleine Mädchen der Blumen hat den Altar mit einer Hand auf den Kopf gestellt. Alisa Ashcroft glaubte sofort, dass sie in ihren letzten fünf Jahren ein Zubehörteil erhalten hatte, aber die metallische Haarkaste, die vor dem Tageslicht gestrahlt wurde, glänzte mit einem glänzenden Decklack. Das Kleid in der Farbe Marfil von Willa wurde in grüner Polze gesalzen, und eine ihrer Trenzas-Kasten wurde gelöst. Unter den Glasfenstern von Rosehaven laden Doscientos sie ein, um in die Menüfigur zu gelangen, die vor der Tür steht.
Alisa wurde von Willa zu ihrem Bürgermeister geschickt. Adrian, mit einem jungen Schwarzen, war gerade dabei, eine neue Zeit zu verbringen, als er von einem Geschwindigkeitsexperten aus gesehen wurde; Die Zeremonie wurde abgehalten, und sie wurde nicht verlassen. Sie hatten ein paar rote Rosen, eine Extravaganz, die Alisa gelobt hatte, und Tessa liebte den alten Wintergarten der Finca. Willa Corrió Directamente hacia las flores, empuñando el hacha con ambas manos.
—¡Muévanse! –gritó ella.
Adrián dio un paso hacia su hermana, pero se apartó bruscamente al pasar ella a su lado. Als die Frau zurückblickte, nachdem sie die Hände verloren hatte, wurde sie von einem Stützpunkt für Flores gefangen genommen. „¡Oye! „Oye!“, gritó con voz extrañamente amortiguada. Alisa und Gideon lachten ihn gerade in dem Moment, als er sich mit einem brutalen zweiten und zweiten Schritt dem Platto widersetzte.
Ein Gremium, das von der Junta geteilt wurde, und das letzte Mal, dass Flores Rojas über die Escalones strömte. Willa Tropezó und Adrian lasen das Sujet vor dem Cayera, aber Alisa, eine Reise durch die Abertura im Marco de Light, beobachtete die Bühne. Nachdem die Blumenmärsche ein Stuhl hatten, wurde sie an ein weibliches Kleid mit einem zweiten Hochzeitskleid geschickt. Tenía las muñecas atadas a los reposabrazos and un trozo de tela le cubría la boca.
Alisa erkannte die Perlenkette am dunklen Haar der Frau, bevor sie das Rostro vollständig las. Tessa, die junge Frau, die in der Familie zusammensitzt, zwingt sie dazu, ihr Kind in den Abgrund zu bringen. Auf diese Weise, wie Adrian sagte, war es aus großer Verzweiflung und voller Entschlossenheit, dass Alisa eine Eskalationswelle unter ihrer Seda-Jacke hinlegte. Eine Grundierung, die mit dem Boden des Wohnraums in Resonanz gerät, folgt dem Abraspeln der Fensterbretter gegen den Marmorboden.
„Qué demonios es to?“, ruft ein eingeladener Mann aus, der sich dem Herrn anschließt und sich auf den Weg macht. Adrian kümmerte sich um die Bewältigung der Manöver von Willa und als er zu einem Alguacil kam, verließ er Tessa. Ich möchte die Jacke anpassen und mich an die Figur anpassen, die dem Altar eine dauerhafte Wirkung verleiht, mit glänzenden Glanzlichtern in meinen Augen.
„¡ELLA ES TU VERDADERA ESPOSA!“ Gritó. „¡QUÍTALE LA MÁSCARA!“
La mujer velada se cubrió el rostro con las palmas de las manos y retrocedió hasta apoyarse contra el soporte de flores volcado. Adrian miró a Tessa y luego notó una leve protuberancia cerca de la mandíbula de la impostora. Agarró el borde y tiró, arrancando un rostro de silicona suave que giraba en su mano. Una peluca de novia se deslizó bajo el velo, dejando al descubierto cabello gris ralo y la frente arrugada de un anciano.
Sus mejillas hundidas, hombros estrechos y labios temblorosos eran inconfundibles bajo la dura luz del salón de baile. Adrian permaneció inmóvil, con la máscara colgando de sus dedos, mientras la mirada del anciano se posaba en Tessa, oculta tras las rosas caídas. La expresión del desconocido cambió al ver sus muñecas atadas; su rostro pareció palidecer. Alisa esperaba satisfacción de alguien capaz de tal engaño, pero él parecía asustado.
Un vaso se hizo añicos cerca de la primera fila. Gideon se levantó tan bruscamente que su silla chocó con la de al lado, y miró al anciano como si un fragmento de su propio pasado hubiera irrumpido en la habitación. Alisa había visto a su marido mantener la compostura durante conflictos profesionales y emergencias familiares, pero ahora sus manos colgaban rígidas a los costados. Cuando habló, su voz apenas se oyó más allá de sus asientos.
“¿Ellie?”
El anciano alzó la cabeza y una mirada de doloroso reconocimiento cruzó entre ellos. Alisa vio a Gideon dar un paso adelante antes de detenerse, con la mirada fija en el hombre del traje de novia. Lo que los unía era claramente más antiguo que aquella desastrosa tarde. Sintió una inquietud inusual al darse cuenta de que su marido lo había reconocido mucho antes de que nadie pronunciara su nombre.
Un ataque de tos ronca hizo que Alisa volviera a la realidad, junto al muro derruido. Adrian estaba arrodillado al lado de Tessa mientras un miembro del personal le quitaba la tela que le cubría la boca y le desataba las cuerdas de las muñecas. Una vez libre, Tessa se aferró a la manga de Adrian, respirando con dificultad, mientras él le ponía la chaqueta sobre los hombros. Las flores aplastadas bajo sus rodillas desprendían un aroma dulce y asfixiante.
—Llamen al 911 —dijo Alisa, intentando hablar con claridad. Una invitada ya estaba al teléfono, mientras que otra grababa con una cámara a la multitud reunida en el pasillo. Alisa les pidió que se apartaran, luego tomó a Willa en brazos y le acarició los mechones rebeldes que le caían sobre la frente. Su hija temblaba ahora que los adultos se habían reunido a su alrededor, observando a Tessa como si temiera que la pared la engullera de nuevo.
—Intenté contárselo —susurró Willa. Alisa la abrazó con fuerza, sin querer que la niña revelara lo que había visto delante de desconocidos. Al otro lado del pasillo, Celia Hartwell, la organizadora de la boda, hablaba rápidamente con una empleada, y su expresión, cuidadosamente controlada, empezaba a resquebrajarse. Alisa se percató de que la mujer no había dirigido ni una sola palabra a la novia a la que había prometido cuidar.